15 Mar/17

Divorcio

Divorcio - Palabra del día
Divorcio – Palabra del día – EVS Translations

Al contrario de lo que ocurre con el matrimonio, el divorcio casi nunca se ve como un motivo de celebración. Por lo general, viene acompañado de emociones negativas, ya sean rabia, tristeza, ansiedad o, en el mejor de los casos, una sensación de alivio a medida que cerramos un capítulo y empezamos otro. Por otro lado, «una pequeña fiesta nunca hace daño a nadie» y tal vez eso es lo que pensaron los propietarios de una empresa organizadora de eventos especializada en fiestas de divorcio. Las fiestas de divorcio, que surgieron en Estados Unidos con la idea de ayudar a superar esta difícil transición, ahora están ganando popularidad en todo el mundo.

Históricamente hablando, el divorcio estaba permitido en la Antigua Grecia y en el Imperio Romano hasta el siglo ix de la Edad Media, cuando la Iglesia asumió el poder y consideró el matrimonio como una institución sagrada bendecida por Dios e indisoluble por el hombre. Para el siglo x, el divorcio ya estaba prohibido de forma generalizada, pero existía la forma de «separación legal» definida por la Iglesia, ya que los tribunales civiles no tenían poder real sobre el matrimonio y la separación.

El vocablo divorce existe en el inglés desde finales del siglo xiv. Es un préstamo del francés antiguo y proviene del latín divertere (antes divortere), que significa «separarse, dejar al esposo, apartarse».  El término se registró por primera vez en 1377 en Pedro el Labrador de William Langland, que es considerada una de las obras más grandiosas de la literatura inglesa medieval junto con Los cuentos de Canterbury de Chaucer.

Uno de los primeros y más importantes divorcios reales en la historia política fue el de Luis VII de Francia y Leonor de Aquitania en la década de 1150. Sin embargo, el primer divorcio real recogido en la bibliografía inglesa es el de Luis XII, quien al acceder al trono en 1498 inició directamente el trámite de anulación del matrimonio solicitando una bula papal. El divorcio se registró en Chronicle of England: «En el mismo año tuvo lugar el divorcio entre el rey de Francia y su esposa, la reina».

Y en 1533, con El Gran Divorcio, se inició la Reforma y se cambió la historia. Cuando el papa se negó a anular el matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón, el rey de Inglaterra y Gales rompió relaciones con la Iglesia católica romana y se autoproclamó jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, divorciándose de Catalina para casarse con Ana Bolena.

Hasta 1857, el divorcio en Inglaterra tenía que ser otorgado mediante una ley parlamentaria, y como eso suponía un coste excesivo, solo los hombres ricos se divorciaban.

La Ley de Causas Matrimoniales lo cambió todo, permitiendo que la gente común pudiera divorciarse y otorgando a las mujeres el derecho de solicitar el divorcio si demostraban que sus esposos las maltrataban además de serles infieles.

Un cambio introducido en 1937 añadió la embriaguez, la demencia y el abandono como causas de divorcio. La Ley de Reforma del Divorcio de 1969 permitía a las parejas divorciarse después de haber estado separadas durante dos años, y a finales de la década de 1990 finalmente se vieron divorcios que favorecían a las mujeres.

Desde entonces, las estadísticas señalan que la tasa de divorcios en la generación del baby boom se ha incrementado a más del 50 %. Cada vez más adultos mayores optan por permanecer solteros y, en especial, cada vez más mujeres con independencia económica optan por no casarse. Naturalmente la tendencia se ha visto reflejada en la percepción de la sociedad sobre el matrimonio y el divorcio, lo cual hace que la gente sienta menos presión respecto a casarse o a seguir casada.